Esta pieza de El Collar de la Paloma  me trae buenos recuerdos de mi juventud, ya que por entonces la conocí: perteneció a un buen amigo mío, aficionado a la prosa y la poesía, que vivió en los arrabales occidentales. Y me gustó tanto cuando la ví, por lo elaborado de su decoración y lo práctico de sus dos tinteros, que encargué otra igual para mí…Pero poco duró mi alegría, pues la escribanía quedó atrás en mi huida precipitada de la ciudad tras la llegada de las tropas rebeldes… Sin embargo, recuerdo perfectamente los primeros versos que con su tinta y su cálamo escribí:
Duro es hoy para mí romper tu carta.
Pero, en cambio, el amor no hay quien lo rompa,
y mejor es que dure el amor y se borre la tinta,
pues lo accesorio debe sacrificarse a lo principal.
¡En cuantas cartas está la muerte de quien las escribe,
sin que éste lo supiera cuando las trazaban sus dedos!