Empieza el Ramadan, mes sagrado para el Islam y de agridulce recuerdo para mí: fue durante esta festividad, pero del año 1023, cuando un nuevo califa omeya, Abd al-Rahman al-Mustazhir bi-Llah fue elegido por los cordobeses para sustituir a los usurpadores Hammudies, y yo, con apenas 30 años tuve el honor de servirle como visir volviendo así a mi añorada ciudad natal. Esta es la parte dulce, aún más por haber sido yo el encargado de redactar antes del nombramiento un completo dictamen que recogiera las condiciones exigidas por Ley a cualquier futuro Califa y que debía cumplir frente a sus súbditos.
Sin embargo, mi amada Qurtuba volvería a traicionarme un mes y medio después de estrenar mi cargo en la nueva corte omeya, ya que el pueblo, que de forma tan decidida había aceptado a Abd al-Rahman V como nuevo califa, se sublevó contra él, asesinándolo y encarcelando a su corte… Mi salida de la carcel supuso poco después el alejamiento definitivo de la tierra que me vio nacer y por supuesto de la política, que tantos sinsabores me había dado, así que, como sabéis, consagré el resto de mi vida a la literatura y la filosofía, fieles compañeras en mi andadura…